Branding, Storytelling, una niña.

Domingo. 19:47. Vamos en el coche volviendo a casa después de un día de playa perfecto en Nerja. De pronto, se oye una voz femenina en la parte de atrás del vehículo. Es una voz dulce pero con un ligero toque ronco que la vuelve muy atractiva. Es mi hija Lucía y una de sus preguntas: ¿Papá, qué es ese toro que hay encima de esa montaña?

En el tiempo que pasa entre que escucho la duda de la niña y le respondo me pasa por la mente mi vida publicitaria en dos o tres segundos. Si, como esos fotogramas que aseguran que te pasan delante de tus ojos justo antes de dejar este mundo cuando tienes un accidente o percance que pone en riesgo tu vida.

Ubicación. El primer fotograma me recuerda que ese toro fue un juego. De pequeños, mis hermanos y yo jugábamos a ver quién lo veía primero cada vez que aparecía subido a su montaña. Siempre aparecían. Siempre estaban ahí.

Espectacularidad. Fue, quizás, la primera valla troquelada del país. Catorce metros de alto, aunque las primeras sólo tenían siete. Una silueta y un logotipo. Nada más. Y nada menos. Luego aparecieron otras en forma de botella, etc. Pero ya no era lo mismo.

Símbolo. Como suele pasar en este mundo de la comunicación la solución suele estar muy cerca de uno. No hace falta irse a terrenos muy lejanos para encontrar la esencia de una marca. De una filosofía. De un pensamiento. Y ese torito (torazo) lo consiguió. Es más, con el tiempo consiguió representar a un país.

Adaptación. Ninguna campaña ha tenido una adaptación a merchandising como ésta. Llaveros, imanes, postales. ¿En cuántos hogares suecos habrá un toro de Osborne?

Memorabilidad. El toro… de Osborne. Ya está.

Este homenaje a la mejor idea de la publicidad ibérica de todos los tiempos me ha servido para contar una historia. El storytelling (y storydoing) está muy de moda en estos tiempos. Marcas que te cuentan un relato sobre ellas, sus productos, sus empresas. Incluso te cuentan cosas sobre sus consumidores. Sus clientes. Pero creo que el verdadero storytelling es la historia que un padre corriente le cuenta a su hija sobre esa marca en una conversación intrascendental como la que acabo de exponer. Corren unos tiempos donde parece que todos necesitamos contar cosas sobre nosotros mismos. Una cultura SELF. Contenido audiovisual o gráfico que muchas veces sólo tiene como objetivo gustar. Buscamos un reconocimiento tan inmediato como efímero. El video case de Osborne este año cumple 60 años. Y esa historia está en la mejor plataforma que una marca puede estar: la mente de la gente.

¿Y si la conversación se tiene que dar al revés? ¿Y si son las personas quiénes cuentan historias sobre marcas y son éstas las que dan a like? Normalmente, los grandes éxitos de la humanidad se dieron cuando alguien se atrevió a romper los paradigmas preestablecidos. A eso debemos aspirar en nuestro trabajo como creadores de ideas que conectan a las personas con las marcas y viceversa. Dejemos de preguntarle al espejito quién es la más bella del reino y salgamos a la calle cada día mostrando lo mejor de nosotros mismos porque esa honestidad siempre tiene resultado.

Por cierto, después de contarle la historia de Osborne a Lucía, ella se quedó pensando unos segundos y acabó la conversación con una inquietante pregunta: ¿Y por qué no fue un caballo?