Bienvenidos al mundo real

A aquellos que todavía piensan que las redes sociales son un juego de adultos aburridos, un universo banal para los adolescentes o un cultivo de laboratorio para los creadores de software –que de todo hay-  tengo que recordarles que gracias , o por culpa de las redes sociales se han derrocado gobiernos, se han perdido elecciones y se ha movilizado a un ejército de indignados en ochenta países del mundo.

Poderosas cadenas de televisión descubren que no pueden contar la realidad con la premura y la crudeza que lo hacen los videos y fotografías en la red.  Políticos y empresarios de todo el mundo se asombran de que un foro sin organización ni jerarquía donde todos colaboran y nadie manda, funcione de una manera tan eficaz.

Y ahora llegamos nosotros, los comunicadores armados con las herramientas tecnológicas más evolucionadas del neuromarketing pretendiendo encontrar un reflejo en la corteza cerebral, un desvío en la gráfica del eyetracker para detectar las neuronas espejo y conseguir la fórmula de la empatía para nuestras marcas.

Ya es hora de abandonar la actitud arrogante que hemos demostrado muchos publicistas durante décadas, pretendiendo conocer todos los secretos del consumidor, porque ese individuo ya no es una persona incomunicada y desinformada que pone oídos a todo lo que queramos decirle. Es un pensamiento común, una suprainteligencia que se contrasta y se enriquece cada día con sus iguales en todo el mundo. Y de ese contraste de pareceres y de la experiencia compartida, nace la piedra filosofal de nuestro días, que se llama reputación.

De ninguna manera vamos a conseguir reputación para nuestras marcas en las redes sociales si no hacemos por merecérnosla. Prácticamente cada día leo un listado diferente de las “cosas que hay que hacer para ganar reputación en las redes sociales”. No señores. La reputación no se finge ni se fabrica. Te la dan o no te la dan, dependiendo de lo bien que te portes, lo sincero que seas, lo bien que hagas tu trabajo y lo simpática que le caiga tu marca a un millón de navegantes.

Si nos sumergimos en el mundo de las redes sociales debemos saber que ya no somos nosotros los que controlamos los parámetros del consumidor, sus hábitos, sus tendencias y sus preferencias. Son ellos los que tienen el control, los que nos juzgan por lo que hacemos y lo que decimos, por la inteligencia de nuestras propuestas y la creatividad de nuestros mensajes. Las marcas y su empatía siguen siendo el mejor caballo de batalla para ganar la carrera del mercado, pero ya no es un juego de rol en el que podemos construir nuestro avatar e inundar de mensajes de venta el universo RRSS.

Si alguno siente nostalgia por el poder y la impunidad que hemos tenido, le recomiendo que empiece a ver la serie “Mad Men” que ha comenzado a emitirse los viernes en Divinity, pero si lo que deseamos es integrarnos en el mundo real y medir allí nuestra capacidad para convencer, entonces, despojémonos de todos los artificios y comencemos a disfrutar compartiendo nuestras mejores ideas, escuchando las críticas y agradeciendo los elogios, aprendiendo de ambos y redefiniendo nuestra forma de comunicar para estar al día en ese mundo virtual que es el más real de los mundos de hoy en día.