¿Y si el baño está ocupado?

En un pasado no muy lejano todo ser televisivo tenía la misma respuesta a la misma pregunta: “No veo los anuncios, suelo aprovechar para ir al baño”. Y claro, el 99,9% de la profesión publicitaria se echaba las manos a la cabeza (en realidad al ego) porque no entendíamos por qué la gente podía resultar tan insensible ante las maravillosas creaciones que salían de nuestras mentes.

 

Hemos hecho de todo. Promociones, dos por uno, descuentos. Los presentadores y presentadoras han anunciado un colchón o un seguro en medio de un programa. A veces, hasta las dos cosas a la vez porque el seguro te terminaba por regalar el colchón. Todo con una actitud de venta, y una sonrisa, directamente proporcional a los emolumentos que se les pagaba. No había manera. El “señor Roca” nos ganaba por goleada.

 

Pero un día todo cambió. Esa tele única y dueña del escaparate audiovisual estalló en mil pedazos. Alguien tiró una piedra, no sabemos si libre de pecado, y todo el mundo se atrevió a meter la mano en tan elegante vitrina.

 

Si, señores. Llegó internet. Llegaron las cámaras de fotos y vídeo en los móviles. Y parece que, parafraseando a una líder política (que no lideresa) del centroizquierdaderechón de este país, todo el mundo es creativo pero no lo sabe.

 

Para demostrarlo, sólo hay que darse una vuelta por la red y comprobar el enorme talento, y tiempo libre, del que dispone mucha gente. Desde ya me posiciono: me alegro. Además, todo ese torrente creativo va acompañado del monstruo más terrible para nuestros egos: no sólo se convertían en nuestra competencia sino que ahora pueden incluso emitir en tiempo real. Sin aprobaciones. O reprobaciones. No conocen el “no”.

 

Creo que las personas deben ser inquietas, deben ser curiosas, deben intentar hacer distintas cosas en distintos momentos de la vida. Y si una temporada les da por hacer anuncios, o algo parecido, que los hagan.

 

Todo profesional de la publicidad debería estar dando saltos de alegría ante este fenómeno ya que, además, nosotros hemos jugado a ser fotógrafos, pintores, guionistas, músicos o directores de cine por una moda pasajera, por vocación o por necesidad. Y aquí, les aseguro, ninguno está libre de pecado.

 

Se suele decir en estos tiempos que donde hay una persona con un móvil, con una tablet o con un portátil hay un medio. Un medio de comunicación. Que el típico receptor es ahora emisor. Que todo el mundo tiene algo que decir. Contenido en unos continentes amateur pero con igual o más talento que los profesionales. Repito, me alegro. Porque de lo que si estoy seguro es que en todos esos sitios quizás se encuentren con una gran historia hecha por un publicitario y a lo mejor no hay baño donde esconderse. Y si lo hay, seguramente está ocupado.

Roberto Rodríguez Barceló

Director Creativo y de Arte